l' universo trova spazio
dentro me,
ma il coraggio di vivere
quello ancora non c'è
jueves, 18 de noviembre de 2010
lunes, 13 de septiembre de 2010
fucking loop
Y van…miles ya!
Entre que salgo de una para entrar en otra, y que soy un tanto… melodramática, éste blog en breve comenzará a llamarse “diario de una loser”. Paso a iluminar.
Jueves por la noche planeé irme a dormir tempranito, para despertarme el viernes temprano e ir al centro a comprar rollitos para la cámara. Entonces, viernes por la mañana, después de un intento inútil por auto-levantarme temprano, mi madre me despertó al ritmo de:
−nena, no ibas a comprar eso hoy?
−no…mesientomal.
Creo que hasta lo dije con carita de dospuntosabroparéntesis y todo.
Me levanté −tarde− y me dolía un poco la garganta. Después de la neumonitis de éste año, y a una semana de mi taaaan esperado viaje, una enfermedad es lo último que quiero. Entonces el terror hizo que mi madre me haya obligado a tomar una aspirina instantáneamente, mientras tomaba mi té del desayuno. Por cierto, la aspirina es un mito.
Entonces pasaron un par de horas, y fui a trabajar por hora al estudio. Esperé el colectivo bajo el sol primaveral medio adelantado y pesado, llegué y me puse en mis tareas. Y cada minuto que pasaba me sentía peor. A las cuatro de la tarde ya sentía que el brillo del monitor, que jamás me había molestado, me estaba disolviendo los ojos. La garganta me dolía mucho más que a la mañana. Estaba mareada, y seguramente afiebrada. Del calor veraniego que sentía cuando llegué no quedaba nada, y estaba muriéndome de frío. Nosecuántas miles de horas después, cuando recién habían pasado veinte minutos de las cuatro, decidí que a las cinco me iba si no se me aliviaba algo.
Oppiamente a las cinco me fui, tapándome como pude con mi lindo blazer negro −que es de lo más abierto que existe−, porque estaba el cielo cubierto todo de nubes de lluvia, y no había ningún sol primaveral medio adelantado y pesado para sacarme el frío. Me subí al colectivo, cuando tuve asiento libre cerca me senté y cerré los ojos, a ver si se me pasaba, just in case. Y nada de dejar el asiento a embarazadas, personas mayores o niños; que se caguen, me sentía mal, y seguro hasta tenía fiebre; y si alguno me jodía le tosía encima.
Se largó a llover. Mi madre adorada fue a buscarme a la parada del colectivo.
−qué te pasa?!
−tengo fiebre, creo.
Entonces hace el gran gesto gran de madre, de poner en seguida la mano en la frente de la pobre criaturita que se siente mal para comprobar si tiene o no tiene fiebre. Porque una madre sabe qué tan tibia debe estar la frente de un hijo.
−un poquito, puede ser.
Y fuimos a casa. Puse el agua para prepararme un té que no terminé de preparar y tuvo que hacerlo mi madre. Puse el termómetro a trabajar. Empecé a tomar ese té que nunca terminé de preparar, y nunca terminé de tomar, porque la garganta dolía demasiado, y miré el termómetro pasados los necesarios cinco o diez minutos. Pero como el monitor había disuelto mis ojos, tuvo que fijarse mi madre, porque yo ya no veía nada. Casi cuarenta grados de temperatura. Celsius, claro; si hubieran sido Fahrenheit, el problema era aún peor. Le dije a madre que mire mi garganta.
−puuutamadre. Tenés todo lleno de placas!
Eso fue lo que respondió. La curiosidad usualmente me gana, así que fui frente al espejo del baño con la linterna y abría la boca al ritmo de un ahhh adolorido.
Jamás había tenido anginas, ni placas hasta éste viernes. Sólo una plaquita blanquita chiquita me salió éste año, meses atrás, y se fue sola a los tres días, sólo haciendo buches con bicarbonato, sin necesidad de pastas irritantes.
Las del viernes no eran nada como eso.
Hay algunas películas de ciencia ficción en las que aparecen seres de otros mundos o dimensiones. En algunos de esos mundos o dimensiones, algunos de los seres se reproducen gracias a algún ser-reina, como una abeja reina. Quizás hay algún ser reina de esas con alguna parte del cuerpo, como el abdomen, desarrollada en forma desproporcionada, gigante, hinchada, roja, gelatinosa y que pareciera tener vida propia. Cubierta por una cantidad incontable de cositas blancoamarillas que bien podrían ser huevos que se filtran por su piel. Y toda esa masa horripilante de rojo y blanco gelatinoso se mueve, como latiendo, respirando. Y no estoy delirando, todo eso existe en mi garganta.
Todo eso al ritmo de un ahhh adolorido que le dio tiempo a mi madre a revolear otra aspirina en dirección a mi boca y obligarme a tragarla.
La aspirina es un mito, lo sostengo.
Estuve todo el resto del viernes y toda la noche con fiebre, con todo el mareo y el dolor de cabeza que eso trajo.
Eso sí, más allá del malestar y el cansancio por no dormir casi nada, los sueños febriles suelen ser algo bastante interesante. Además de los clásicos sueños con arañas −que en éste caso fueron las arañas gigantes quienes ponían cosas que tejían en las carnes inflamadas en la garganta de una juanita duplicada en el espacio−, soñé que cada movimiento que hacía mientras dormía era una especie de planilla o formulario con un itinerario específico y riguroso a seguir sobre… no sé, algo. Pero como estaba lleno de planillas el sueño, asumo que dormí poco y nada.
El sábado a la mañana logré que bajaran mis Celsius con paracetamol, me dí una ducha sentada, porque todo el blanco liso de la bañera me daba vértigo, y fui al hospital.
Atención en el día. Antibióticos, again, con todo lo que eso implica a mis pobrecitos intestinos.
Amoxicilina con ácido clavulánico, paracetamol y mis mejores complementos para los antibióticos: los lactobacilos acidófilos bacteriófagos.
Un eterno loop de reacciones adversas.
Siempre tengo que volver a los antibióticos y sus reacciones adversas. Estaban taaaan bien mis intestinos en el último tiempo… pero there’s no other way.
Y de paso me mandó la dotora a que vea a alguien en odontología. Se debe haber impresionado un poco cuando me hizo abrir la boca y vio todas las líneas y curvas blancas que me recorrían la lengua. Dijo que probablemente era un hongo que se aprovechó de mis defensas momentáneamente bajas. Yo creo que era solamente saliva seca pegada en la lengua porque andaba por la vida como zombie: tambaleante y con la quijada caída.
Pero bueno, recién estoy con dos días de antibióticos y me siento menos deforme, así que cuando complete los siete días de pastas estaré con mi bella garganta como nueva. Justo a tiempo para mi viajecito
Y si no, viajaré con la garganta llena de rojo y blanco gelatinoso, y al madrileño de migraciones que me joda, le toso encima.
Entre que salgo de una para entrar en otra, y que soy un tanto… melodramática, éste blog en breve comenzará a llamarse “diario de una loser”. Paso a iluminar.
Jueves por la noche planeé irme a dormir tempranito, para despertarme el viernes temprano e ir al centro a comprar rollitos para la cámara. Entonces, viernes por la mañana, después de un intento inútil por auto-levantarme temprano, mi madre me despertó al ritmo de:
−nena, no ibas a comprar eso hoy?
−no…mesientomal.
Creo que hasta lo dije con carita de dospuntosabroparéntesis y todo.
Me levanté −tarde− y me dolía un poco la garganta. Después de la neumonitis de éste año, y a una semana de mi taaaan esperado viaje, una enfermedad es lo último que quiero. Entonces el terror hizo que mi madre me haya obligado a tomar una aspirina instantáneamente, mientras tomaba mi té del desayuno. Por cierto, la aspirina es un mito.
Entonces pasaron un par de horas, y fui a trabajar por hora al estudio. Esperé el colectivo bajo el sol primaveral medio adelantado y pesado, llegué y me puse en mis tareas. Y cada minuto que pasaba me sentía peor. A las cuatro de la tarde ya sentía que el brillo del monitor, que jamás me había molestado, me estaba disolviendo los ojos. La garganta me dolía mucho más que a la mañana. Estaba mareada, y seguramente afiebrada. Del calor veraniego que sentía cuando llegué no quedaba nada, y estaba muriéndome de frío. Nosecuántas miles de horas después, cuando recién habían pasado veinte minutos de las cuatro, decidí que a las cinco me iba si no se me aliviaba algo.
Oppiamente a las cinco me fui, tapándome como pude con mi lindo blazer negro −que es de lo más abierto que existe−, porque estaba el cielo cubierto todo de nubes de lluvia, y no había ningún sol primaveral medio adelantado y pesado para sacarme el frío. Me subí al colectivo, cuando tuve asiento libre cerca me senté y cerré los ojos, a ver si se me pasaba, just in case. Y nada de dejar el asiento a embarazadas, personas mayores o niños; que se caguen, me sentía mal, y seguro hasta tenía fiebre; y si alguno me jodía le tosía encima.
Se largó a llover. Mi madre adorada fue a buscarme a la parada del colectivo.
−qué te pasa?!
−tengo fiebre, creo.
Entonces hace el gran gesto gran de madre, de poner en seguida la mano en la frente de la pobre criaturita que se siente mal para comprobar si tiene o no tiene fiebre. Porque una madre sabe qué tan tibia debe estar la frente de un hijo.
−un poquito, puede ser.
Y fuimos a casa. Puse el agua para prepararme un té que no terminé de preparar y tuvo que hacerlo mi madre. Puse el termómetro a trabajar. Empecé a tomar ese té que nunca terminé de preparar, y nunca terminé de tomar, porque la garganta dolía demasiado, y miré el termómetro pasados los necesarios cinco o diez minutos. Pero como el monitor había disuelto mis ojos, tuvo que fijarse mi madre, porque yo ya no veía nada. Casi cuarenta grados de temperatura. Celsius, claro; si hubieran sido Fahrenheit, el problema era aún peor. Le dije a madre que mire mi garganta.
−puuutamadre. Tenés todo lleno de placas!
Eso fue lo que respondió. La curiosidad usualmente me gana, así que fui frente al espejo del baño con la linterna y abría la boca al ritmo de un ahhh adolorido.
Jamás había tenido anginas, ni placas hasta éste viernes. Sólo una plaquita blanquita chiquita me salió éste año, meses atrás, y se fue sola a los tres días, sólo haciendo buches con bicarbonato, sin necesidad de pastas irritantes.
Las del viernes no eran nada como eso.
Hay algunas películas de ciencia ficción en las que aparecen seres de otros mundos o dimensiones. En algunos de esos mundos o dimensiones, algunos de los seres se reproducen gracias a algún ser-reina, como una abeja reina. Quizás hay algún ser reina de esas con alguna parte del cuerpo, como el abdomen, desarrollada en forma desproporcionada, gigante, hinchada, roja, gelatinosa y que pareciera tener vida propia. Cubierta por una cantidad incontable de cositas blancoamarillas que bien podrían ser huevos que se filtran por su piel. Y toda esa masa horripilante de rojo y blanco gelatinoso se mueve, como latiendo, respirando. Y no estoy delirando, todo eso existe en mi garganta.
Todo eso al ritmo de un ahhh adolorido que le dio tiempo a mi madre a revolear otra aspirina en dirección a mi boca y obligarme a tragarla.
La aspirina es un mito, lo sostengo.
Estuve todo el resto del viernes y toda la noche con fiebre, con todo el mareo y el dolor de cabeza que eso trajo.
Eso sí, más allá del malestar y el cansancio por no dormir casi nada, los sueños febriles suelen ser algo bastante interesante. Además de los clásicos sueños con arañas −que en éste caso fueron las arañas gigantes quienes ponían cosas que tejían en las carnes inflamadas en la garganta de una juanita duplicada en el espacio−, soñé que cada movimiento que hacía mientras dormía era una especie de planilla o formulario con un itinerario específico y riguroso a seguir sobre… no sé, algo. Pero como estaba lleno de planillas el sueño, asumo que dormí poco y nada.
El sábado a la mañana logré que bajaran mis Celsius con paracetamol, me dí una ducha sentada, porque todo el blanco liso de la bañera me daba vértigo, y fui al hospital.
Atención en el día. Antibióticos, again, con todo lo que eso implica a mis pobrecitos intestinos.
Amoxicilina con ácido clavulánico, paracetamol y mis mejores complementos para los antibióticos: los lactobacilos acidófilos bacteriófagos.
Un eterno loop de reacciones adversas.
Siempre tengo que volver a los antibióticos y sus reacciones adversas. Estaban taaaan bien mis intestinos en el último tiempo… pero there’s no other way.
Y de paso me mandó la dotora a que vea a alguien en odontología. Se debe haber impresionado un poco cuando me hizo abrir la boca y vio todas las líneas y curvas blancas que me recorrían la lengua. Dijo que probablemente era un hongo que se aprovechó de mis defensas momentáneamente bajas. Yo creo que era solamente saliva seca pegada en la lengua porque andaba por la vida como zombie: tambaleante y con la quijada caída.
Pero bueno, recién estoy con dos días de antibióticos y me siento menos deforme, así que cuando complete los siete días de pastas estaré con mi bella garganta como nueva. Justo a tiempo para mi viajecito
Y si no, viajaré con la garganta llena de rojo y blanco gelatinoso, y al madrileño de migraciones que me joda, le toso encima.
martes, 31 de agosto de 2010
"una buena impresión" o "el desperdicio de tres masitas"
Hacía nosecuánto que no veía a mi amiga Cecilia.
Después de toooodos los cambios de los últimos meses, decidí, en la medida de lo posible, empezar a ver más seguido a mis amistades.
Entonces decidimos que iba a ir a su casa el lunes, a la nochecita, y comeríamos algo.
Lunes por la tarde estuve de supermercados con mi madre. Saliendo del primero empecé a sentir que me molestaba la cabeza. Saliendo del segundo mi cabeza ya explotaba. Té con leche y criollitas con casancrem en casa, y mi cabeza dolía cada vez más.
Entonces salgo de casa, paso por el supermercado y compro unas masitas para llevar a lo de Ceci, tomo el colectivo, y llego. Y cada vez más me dolía la cabeza.
Charloteamos, tomamos mate ella y su señor esposo, y tee mit milch yo, masitas mediante. Y cada vez me dolía más la cabeza y empecé a sentir náuseas. Y tuve que ir al baño.
Bronca mucha tengo aún, que después de no ver a Ceci desde hacía nosecuánto tiempo, voy a la casa y me voy a las dos horas después de haber tenido que gomitar en su baño.
Qué horror.
Después de toooodos los cambios de los últimos meses, decidí, en la medida de lo posible, empezar a ver más seguido a mis amistades.
Entonces decidimos que iba a ir a su casa el lunes, a la nochecita, y comeríamos algo.
Lunes por la tarde estuve de supermercados con mi madre. Saliendo del primero empecé a sentir que me molestaba la cabeza. Saliendo del segundo mi cabeza ya explotaba. Té con leche y criollitas con casancrem en casa, y mi cabeza dolía cada vez más.
Entonces salgo de casa, paso por el supermercado y compro unas masitas para llevar a lo de Ceci, tomo el colectivo, y llego. Y cada vez más me dolía la cabeza.
Charloteamos, tomamos mate ella y su señor esposo, y tee mit milch yo, masitas mediante. Y cada vez me dolía más la cabeza y empecé a sentir náuseas. Y tuve que ir al baño.
Bronca mucha tengo aún, que después de no ver a Ceci desde hacía nosecuánto tiempo, voy a la casa y me voy a las dos horas después de haber tenido que gomitar en su baño.
Qué horror.
domingo, 29 de agosto de 2010
ch ch ch changes
***i still don’t know what i was waiting for
Meses de cambio indeed.
Me hice un poco de caso en algunos ítems de mi listita de deberes; deberes que estaba atrasando un poco. Bastante. Demasiado.
No sé qué estaba esperando para hacer algunas de éstas cosas.
Primero que nada, viajaré. Finalmente.
En el verano no sabía bien qué hacer con mis vacaciones; dónde ir, con quién, cuándo, cuánto… y todo parecía indicar que estaría tres semanas tirada en el piso del living (que es lo más fresco de mi casa), hasta que padre y madre me dijeron: “¿y si te guardás las vacaciones y te vas más adelante a Italia a ver a tu tía?”
Y entonces fue así que empezó todo. Averiguar precios de pasajes. Fiaca de un par de meses. Tramitar el pasaporte. De nuevo averiguar precios de pasajes. Alterarse por lo caros que eran, y porque no había fecha para cuando quería y que ésta aerolínea sí y la otra no. Juntar plata (jamás en la vida pude ahorrar tanto como lo hice éste año).
Y entonces sucedió. Compramos el pasaje. Aunque cabe aclarar que lo de “compramos” es relativo, ya que si bien era para mí, fue regalo de mi padre.
El veinte de septiembre parto a Italia, y me llevo el invierno conmigo (ay, cuánta poesía tengo encima).
Tengo miedito, pero nomimporta.
Finaaaalmente hago un viaje copado, después de pasar tanto tiempo ansiándolo y viendo cómo todos hacían algo en sus vacaciones y yo me quedaba en casa viendo películas (indeed, soy una loser).
Para juntar platita para el viaje me vino bien muy bien el estar yendo al estudio de diseño algunos días, ofreciendo mis servicios por hora a cambio de algún dinerillo. Además, me sirvió para involucrarme un poco en el ámbito del diseño de una manera ya no académica, sino laboral. Aunque sea sólo un poco. Muy poco. Poquito.
Entonces ya tenemos dos cosas: el trabajo por hora en diseño, y el viaje.
Y claro, como un viaje así no lo hacés tantas veces en tu vida, porque sale un poco carito (a menos que seas de esas personas que cuenta con mucha manteca y gusta de revolearla hacia las alturas, entonces podés hacerlo cuantas veces quieras), ya sea por dos semanas o por tres meses, decidí no ir las dos semanas de vacaciones que me quedaban, sino ir un mes entero. O dos. O los tres.
Y para ir un mes entero (o dos, o los tres) tenía que adelantar muchas vacaciones venideras o renunciar. Y entonces renuncié.
Renuncié a la bombachería.
Después de siete (cobardes) años en los que mi vida se estancó, renuncié. Hasta puedo asegurar que empecé a tartamudear ahí adentro. Mi elocuencia al hablar desapareció. Y empecé a omitir la letra “s” al final de muchas palabras, no por elección, sino por contagio.
Me cansé. Siete años son suficiente. Planeaba irme hace meses pero, como siempre, por una cosa u otra me seguía quedando, el viaje fue solo la excusa y el termo-bomba la gota que derramó el vaso (sólo para entendidos ese comentario fue).
Muchos (casi todos) estaban muy contentos por mí. “¡Al fin!” y “¡Ya era hora!” fueron las expresiones que más escuché. Muy evidente era que no estaba a gusto ya, y que no iba a llegar a mucho estancada en esa posición.
Éste fue el cambio más significativo.
Y entonces estamos con que viajo a al viejo continente, ofrezco mis servicios por hora en un estudio, y bye bye bombachería.
Lo que queda es sólo el comentario del oftalmólogo, que dijo que mi cristalino está opaco, y que tengo que ir controlándolo, porque puedo estar desarrollando cataratas. Cataratas tienen los viejos! O quienes estuvieron muy enfermos! Maldición.
Y yo que fui porque creí que tenía que cambiarme el aumento de los lentes y que por eso no veía. Pero, esperar y volver a fin de año debo para revisar qué tan estables o inestables mis bellos ojitos están.
Y entonces quedamos en que viajo a Italia, en que me voy por hora a un estudio de diseño, en que me desvinculé laboralmente de la bombachería, y en que tengo los ojos de cartón.
Eso sí, desempleada y todo, el Standard Bank me creyó alguien con una buena línea de crédito, y me mandó por correo una visa con un montooooon de platita. Seis veces lo que ganaba en la bombachería (que por cierto, era acorde a la cantidad de horas que trabajaba; o sea, poco).
Le envían una tarjeta de crédito a una persona sin trabajo y sin propiedades. Qué bien!
Soy una blind and unemployed little traveller… pero con una buena línea de crédito.
***Como es debido, ahora viene la banda de sonido acorde al post:
Meses de cambio indeed.
Me hice un poco de caso en algunos ítems de mi listita de deberes; deberes que estaba atrasando un poco. Bastante. Demasiado.
No sé qué estaba esperando para hacer algunas de éstas cosas.
Primero que nada, viajaré. Finalmente.
En el verano no sabía bien qué hacer con mis vacaciones; dónde ir, con quién, cuándo, cuánto… y todo parecía indicar que estaría tres semanas tirada en el piso del living (que es lo más fresco de mi casa), hasta que padre y madre me dijeron: “¿y si te guardás las vacaciones y te vas más adelante a Italia a ver a tu tía?”
Y entonces fue así que empezó todo. Averiguar precios de pasajes. Fiaca de un par de meses. Tramitar el pasaporte. De nuevo averiguar precios de pasajes. Alterarse por lo caros que eran, y porque no había fecha para cuando quería y que ésta aerolínea sí y la otra no. Juntar plata (jamás en la vida pude ahorrar tanto como lo hice éste año).
Y entonces sucedió. Compramos el pasaje. Aunque cabe aclarar que lo de “compramos” es relativo, ya que si bien era para mí, fue regalo de mi padre.
El veinte de septiembre parto a Italia, y me llevo el invierno conmigo (ay, cuánta poesía tengo encima).
Tengo miedito, pero nomimporta.
Finaaaalmente hago un viaje copado, después de pasar tanto tiempo ansiándolo y viendo cómo todos hacían algo en sus vacaciones y yo me quedaba en casa viendo películas (indeed, soy una loser).
Para juntar platita para el viaje me vino bien muy bien el estar yendo al estudio de diseño algunos días, ofreciendo mis servicios por hora a cambio de algún dinerillo. Además, me sirvió para involucrarme un poco en el ámbito del diseño de una manera ya no académica, sino laboral. Aunque sea sólo un poco. Muy poco. Poquito.
Entonces ya tenemos dos cosas: el trabajo por hora en diseño, y el viaje.
Y claro, como un viaje así no lo hacés tantas veces en tu vida, porque sale un poco carito (a menos que seas de esas personas que cuenta con mucha manteca y gusta de revolearla hacia las alturas, entonces podés hacerlo cuantas veces quieras), ya sea por dos semanas o por tres meses, decidí no ir las dos semanas de vacaciones que me quedaban, sino ir un mes entero. O dos. O los tres.
Y para ir un mes entero (o dos, o los tres) tenía que adelantar muchas vacaciones venideras o renunciar. Y entonces renuncié.
Renuncié a la bombachería.
Después de siete (cobardes) años en los que mi vida se estancó, renuncié. Hasta puedo asegurar que empecé a tartamudear ahí adentro. Mi elocuencia al hablar desapareció. Y empecé a omitir la letra “s” al final de muchas palabras, no por elección, sino por contagio.
Me cansé. Siete años son suficiente. Planeaba irme hace meses pero, como siempre, por una cosa u otra me seguía quedando, el viaje fue solo la excusa y el termo-bomba la gota que derramó el vaso (sólo para entendidos ese comentario fue).
Muchos (casi todos) estaban muy contentos por mí. “¡Al fin!” y “¡Ya era hora!” fueron las expresiones que más escuché. Muy evidente era que no estaba a gusto ya, y que no iba a llegar a mucho estancada en esa posición.
Éste fue el cambio más significativo.
Y entonces estamos con que viajo a al viejo continente, ofrezco mis servicios por hora en un estudio, y bye bye bombachería.
Lo que queda es sólo el comentario del oftalmólogo, que dijo que mi cristalino está opaco, y que tengo que ir controlándolo, porque puedo estar desarrollando cataratas. Cataratas tienen los viejos! O quienes estuvieron muy enfermos! Maldición.
Y yo que fui porque creí que tenía que cambiarme el aumento de los lentes y que por eso no veía. Pero, esperar y volver a fin de año debo para revisar qué tan estables o inestables mis bellos ojitos están.
Y entonces quedamos en que viajo a Italia, en que me voy por hora a un estudio de diseño, en que me desvinculé laboralmente de la bombachería, y en que tengo los ojos de cartón.
Eso sí, desempleada y todo, el Standard Bank me creyó alguien con una buena línea de crédito, y me mandó por correo una visa con un montooooon de platita. Seis veces lo que ganaba en la bombachería (que por cierto, era acorde a la cantidad de horas que trabajaba; o sea, poco).
Le envían una tarjeta de crédito a una persona sin trabajo y sin propiedades. Qué bien!
Soy una blind and unemployed little traveller… pero con una buena línea de crédito.
***Como es debido, ahora viene la banda de sonido acorde al post:
sábado, 28 de agosto de 2010
light me up
que emocionante es descubrir una palabra o expresión nueva que no es nueva, sino que ya la conocías pero estuviste diciéndola o entendiéndola mal toda tu vida.
por ejemplo, una vez, leyéndolo, me enteré que la marincoche era en realidad la mar en coche.
o que los retorcijones del estómago además se llaman retortijones.
por ejemplo, una vez, leyéndolo, me enteré que la marincoche era en realidad la mar en coche.
o que los retorcijones del estómago además se llaman retortijones.
jueves, 26 de agosto de 2010
david byrne - pirates
caballito de chapa y esmalte sintético mediante, me puse a escuchar david byrne. mucho tiempo pasó desde la última vez que lo escuché.
lindo lindo éste tema es. muy disney es el disco.
***delightfully confusing
lindo lindo éste tema es. muy disney es el disco.
***delightfully confusing
naked before the world
"es absolutamente imprescindible que descubramos nuestra verdadera escencia, que seamos fieles a nosotros mismos, que arranquemos las máscaras que nos encubren y nos expongamos en cueros."
wilhelm von maslow forms
wilhelm von maslow forms
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